La historia de Johnson Controls, como precursor en el cuidado del Medio Ambiente en México, se remonta desde hace muchos años atrás, gracias a su marca de acumuladores LTH, antes de que la conciencia ecológica se generalizara de manera global. Esta filosofía nació debido a su misma necesidad de operar a largo plazo, por lo que debía hacerlo bajo un esquema de crecimiento sustentable.

El acumulador automotriz es un producto fabricado con materias primas, cuyo uso requiere de cuidados muy especiales. El plomo, que es una de ellas, representa el principal componente y exige atención debido al daño que puede generar si se maneja sin control. El segundo elemento del acumulador es el ácido sulfúrico que, aunque posee cualidades de reacción química, también genera corrosión al ecosistema, por eso necesita de cuidados muy especiales.

En la primera mitad del siglo XX, para producir un acumulador se utilizaba el “hule duro”, material virgen producido con elementos sintéticos derivados del petróleo. El problema es que este material no se podía reciclar. Todo el “hule duro” que se utilizaba para la fabricación de cajas, tapas y tapones, era virgen y para su fabricación había que conseguir nuevas materias primas, echando mano del ecosistema. Eran productos industriales no renovables, por consiguiente, finitos, que además de no ser reciclables comenzaban a generar un volumen importante  de material que difícilmente podían ser utilizadas en otra cosa.

Reciclar parte de los componentes de la batería demandaba el regreso del acumulador usado     a su lugar de origen, pero reciclar la caja completa requería de un nuevo proceso logístico y comercial. 

A mitad del siglo XX, salió a nivel mundial un desarrollo en cajas, tapas y tapones que substituiría al “hule duro” con el que regularmente se producían los acumuladores. Era un plástico flexible, pero de alto impacto llamado polipropileno. Su aportación más importante fue la cualidad de reciclarse en varias generaciones.

Fue en 1990 cuando LTH inaugura una nueva planta destinada a cerrar el círculo ecológico en materia de reciclaje. Se instaló en el municipio de Ciénega de Flores, Nuevo León y se  destinaría a recibir como materia prima los acumuladores en desuso para ofrecer, como producto final, nuevas materias primas para la fabricación de acumuladores en las demás plantas del Grupo. Su nombre fue Transformadora de Materiales, S.A. (TRAMASA) y su aportación era producir “pellets” de polipropileno de la mejor calidad y lingotes de plomo para aleaciones positivas y negativas. El ácido sulfúrico de los acumuladores se extraía, neutralizaba, se filtraba y después de un proceso riguroso se convertía en agua de nuevo, no potable, pero sí utilizable para el enfriamiento de maquinarias.

En el 2010 la planta ubicada en García, Nuevo León empezó sus actividades. Actualmente da servicio a México y el suroeste de Estados Unidos reciclando y recuperando hasta 99.7% del plomo y otros materiales. El proceso inicia cuando dos martillos son utilizados para romper en pequeños pedazos las baterías usadas, los componentes metálicos, pasta y piezas de plástico son separadas por un proceso mecánico. El plástico se muele en molinos, se lava, se seca y almacena en silos, se extruye entonces en pequeños pellets y se envía a almacén. La pasta de plomo se mezcla con los flujos y se introduce en hornos rotativos obteniendo así lingotes de plomo. El plomo que se obtiene no tiene la pureza necesaria para su reutilización directa en aplicaciones industriales, se elabora un proceso de refinación para aumentar su pureza y se combina con diferentes metales para producir aleaciones utilizadas en la producción de baterías.

Hasta la fecha, estas plantas de reciclaje son motivo de  orgullo para Latinoamérica, y además prototipo de otras plantas en Europa y Asia.

LTH, la marca líder en acumuladores, está en constante investigación y desarrollo con la finalidad de brindar siempre mejores soluciones que no contaminen ni provoquen alteraciones ambientales. Por eso es importante que, cuando un acumulador cumple con su ciclo de vida, no se guarde, se deseche o se entregue a personas o empresas inexpertas en su manejo, ya que por la naturaleza química de sus componentes, estos se vuelven contaminantes si no son manejados en forma adecuada.

 Una vez que la vida útil de un acumulador llega a su fin, es indispensable asegurarse que éste, cualquiera que sea su marca, sea recolectado por Johnson Controls para que pueda ser reciclado correctamente, y no contamine al medio ambiente.

Johnson Controls, a través de sus marcas de acumuladores se ha preocupado siempre por el mundo en el que vivimos, el mundo que dejaremos a nuestros hijos; por esto mismo actúa responsablemente no sólo en la fabricación y comercialización de sus productos, sino en la recuperación de los mismos cuando su vida útil concluye, para asegurarse que serán tratados de manera adecuada por expertos, protegiendo así el medio ambiente.